Yeremi Smith Quintero Martínez
Diseñador Gráfico · Universidad de SantanderInvestigación, dirección de arte y producción audiovisual.
Un sistema narrativo audiovisual, digital y fotográfico para preservar la memoria del vallenato tradicional como patrimonio cultural inmaterial.
Antes de que existiera un solo disco, ya existía el vallenato. Hombres solos con un acordeón al hombro cruzando sabanas, cambiando de mula en mula, tardando semanas en llegar a un pueblo que hoy queda a dos horas por carretera.
Voces del Camino construye el puente entre quienes lo conocen por dentro y los jóvenes que aún no saben que tienen acceso a él.
Era más difícil llegar a San Jacinto que ir ahora a la China.
Siete personas que han dedicado su vida a construir, enseñar y preservar el vallenato tradicional.
Tres episodios que responden una pregunta urgente: ¿qué se pierde cuando desaparece el último juglar?
Ocho canciones juglarescas traducidas en imágenes del Caribe colombiano contemporáneo.
Seis compositores históricos que construyeron el vallenato y las canciones que los inmortalizaron.
El vallenato no nació en un estudio de grabación ni en un festival. Nació en un camino. Antes de que existiera una sola grabación, ya existía el vallenato. Eso no es una paradoja: es la naturaleza de una tradición que se transmitió durante décadas exclusivamente a través de la voz, el territorio y la memoria.
La voz como forma de memoria oral. El camino como recorrido simbólico del juglar que llevaba noticias cantadas de pueblo en pueblo. Esas son las dos dimensiones que le dan nombre a este proyecto.
Voces del Camino no pretende salvar el vallenato. Como dice José Luis Sierra, Mileto: el vallenato no necesita que lo salven, necesita que lo escuchen. Lo que el diseño puede hacer es construir los espacios donde esa escucha sea posible para quienes aún no saben que tienen algo que escuchar.
El vallenato no necesita que lo salven, necesita que lo escuchen.
Investigación, dirección de arte y producción audiovisual.
Investigación, dirección creativa y producción del sistema de piezas.
Micro-serie documental · Voces del Camino · 2026
El vallenato antes del disco. Cómo una tradición oral construyó una identidad regional sin estudios ni contratos.
Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa · Alberto "Beto" Murgas · Rosendo Romero
Micro-serie documental · Voces del Camino · 2026
La historia del instrumento europeo que llegó al Caribe colombiano y se transformó en algo completamente distinto.
Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa · Alberto "Beto" Murgas · José Luis Sierra "Mileto"
Micro-serie documental · Voces del Camino · 2026
¿Qué se está perdiendo? Un recuento urgente de lo que desaparece cuando muere el último juglar.
Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa · Rosendo Romero · Roberto Morales Gil "Tato" · Santander Durán Escalona
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Historiador · Investigador · Becerril, Cesar
Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa llegó al vallenato por la misma puerta que llegan los que más lo aman: por las preguntas. Su obra Cultura vallenata: origen, teoría y pruebas (1992) es el libro de referencia del género. Un hombre que tomó la historia oral como fuente legítima cuando la academia todavía la miraba con desconfianza.
"Beto Murgas"
Compositor · Museólogo · Villanueva, La Guajira
Compositor que conoce el vallenato desde adentro y museólogo que decidió que esa memoria no podía quedarse solo en la voz de quien la vivió. Fundó en Valledupar el primer Museo del Acordeón de Colombia, donde los instrumentos de los grandes juglares tienen nombre, historia y fecha.
"El Turco Gil"
Músico · Compositor · Villanueva, La Guajira
Fundó en Valledupar una academia donde la enseñanza no es solo técnica: es transmisión de mundo. Sus estudiantes no aprenden solo a tocar el acordeón — aprenden a escuchar el Caribe, a respetar los cuatro aires, a entender que cada ritmo es una forma distinta de contar lo mismo.
"Mileto"
Fabricante de acordeones artesanales · La Junta, La Guajira
En un taller de Valledupar, Mileto construye acordeones con las mismas manos y los mismos materiales con que se construyeron los de los primeros juglares. Es el único luthier en Colombia que fabrica acordeones diatónicos artesanales. Sabe que lo que hace es también una promesa.
"Tato Gil"
Compositor · Instructor · Valledupar, Cesar
Sobrino de El Turco Gil, creció escuchando antes de saber que estaba aprendiendo. Su diagnóstico es claro y urgente: "Todos están tocando igual. Se están perdiendo aires enteros." No lo dice con nostalgia — lo dice con la rabia serena de quien todavía puede hacer algo al respecto.
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Compositor · Investigador · Valledupar, Cesar
Con más de cincuenta años componiendo vallenato, ha construido una obra que cruza el sentimiento y la rebeldía, el amor y la protesta social. Premio Libro de Oro 2026 de Literatura Colombiana. Es uno de los últimos representantes vivos de los juglares tradicionales.
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Compositor · Escritor · Villanueva, La Guajira
Compone canciones y escribe novelas contando lo mismo: la historia de una gente y un territorio que no caben en los libros de historia oficial. Autor de Flor de Tuna, ha demostrado que el vallenato juglaresco siempre fue literatura.
Víctor Moreno
Juglar · c. 1950s
Una gallina posada dentro de un envase plástico reconvertido en nido, con el alambre de púas y el verde del monte caribeño al fondo. Lo ordinario del campo como materia legítima de la poesía juglaresca.

Cio Cio es una canción de Víctor Moreno que habla de los animales domésticos del patio con la misma naturalidad con que se habla de personas. En el mundo juglaresco, la gallina no es una metáfora: es un personaje real que merece ser cantado.
Alejandro Durán
Juglar · c. 1968
Un acordeón Hohner entre las herramientas del taller de Mileto en Valledupar. La fotografía convierte el instrumento en sujeto, no en accesorio. Es el protagonista de la canción y del vallenato mismo.

Pedazo de acordeón es una declaración de amor al instrumento que hizo posible el vallenato. Alejandro Durán, el Negro Alejo, primer rey vallenato en 1968, le cantó al acordeón como a un ser vivo — un compañero que también puede morir.
Adolfo Pacheco
Juglar · c. 1969
Un gallo blanco de pelea fotografiado contra una pared turquesa. El animal en plena exhibición: el mismo orgullo que Adolfo Pacheco le cantó a su gallo de pelea legendario.

El cordobés fue compuesta por Adolfo Pacheco en honor a su gallo, bautizado con el apodo del torero Manuel Benítez. Lo que la hizo inmortal fue una versión de Diomedes Díaz que se regó de boca en boca.
Segundo Mendoza Mesa
Juglar · c. 1950s
Ganado criollo bajo la sombra de un árbol frondoso. El cují da sombra, orienta, define el paisaje del Caribe semiárido. La fotografía lo convierte en el centro del mundo rural caribeño.

El rico cují de Segundo Mendoza Mesa nombra al árbol más característico del Caribe semiárido colombiano. El vallenato juglaresco funcionó siempre como un archivo botánico y geográfico de la región.
Alberto Pacheco
Juglar · c. 1960s
Cerdos moteados entre los barrotes de un corral. La fotografía es directa, sin adornos, exactamente como la canción: sin metáforas, sin disculpas, con dignidad absoluta.

La puerca paria es de Alberto Pacheco, quien convirtió lo doméstico rural en materia poética. Cantarle a una puerca no era rebajar la música — era dignificar lo que otros prefieren ignorar.
Juancho Polo Valencia
Juglar · c. 1960s
Cielo nocturno del Caribe capturado en larga exposición: estrellas visibles, nubes en movimiento, silueta de árboles. El lucero que orienta y que nadie puede apagar.

Lucero espiritual fue compuesta por Juancho Polo Valencia, el Cantor de la Sierra. La canción usa el planeta Venus como metáfora de lo que guía el espíritu. Su voz tenía la incapacidad de mentir.
Guillermo Acuña Muñoz
Juglar · c. 1970s
Un automóvil oxidado con placa de Valledupar, abandonado en un garaje de ladrillo. Lo que fue símbolo de prestigio convertido en ruina. Las cosas que creímos que nos definen también envejecen.

Las mujeres y los carros de Guillermo Acuña Muñoz le canta a las dos grandes pasiones del hombre caribeño de mitad del siglo XX con ironía tierna y directa. Convirtió lo cotidiano masculino en retrato social de una época.
Julio Salvador Erazo Cuevas
Juglar · c. 1972
Un hombre mayor acaricia con ternura la cabeza de su caballo en un corral de tierra roja. La relación de por vida entre el jinete y el animal que lo llevaba de pueblo en pueblo cantando noticias.

Mi caballo pechichón fue compuesta por Julio Salvador Erazo Cuevas. La canción habla del orgullo del jinete por su caballo. En el vallenato juglaresco, el caballo era compañero de trabajo del acordeonero que recorría las sabanas.